Son de la Frontera - Cal
Morón de la Frontera ha estado “blanqueando” desde tiempo inmemorial a toda Andalucía y mucho más allá. El trasiego en busca de esa cal tan nuestra que embellece paredes a la vez que reafirma muros sirviendo como argamasa o mortero, ha hecho que el nombre de Morón haya sonado como sinónimo de blancura y fortaleza.
Esa transparencia y claridad estética, unida a la fuerza de cohesión que tiene nuestra piedra caliza, son cualidades aplicables a este, el segundo trabajo de Son de la Frontera.
Para fundir la cal, hay que recoger la piedra dura de la cantera y con arte, calor y amor, ir derritiéndola hasta que se convierta en líquido para llevar el blanco a nuestras casas y al mundo. Así es el Flamenco, como la cal; así es el “Toque de Morón”: un toque blanco, fuerte, bordonudo, fronterizo y forajido, una forma musical de artesanía local frente a la industrial mercadotecnia de lo “flamenquito”. La música se transporta, es llevada como la misma cal por todos los rincones que quieren purificarse física y espiritualmente.
En la música, la pureza está en el corazón, el conocimiento, el respeto y el trabajo. Estas son las armas de Son de la Frontera; su ética y su estética. El concepto “grupo” no se aplica en el flamenco, sino términos como “cuadro” o “cuadrito”, pero SON DE LA FRONTERA ES UN GRUPO FLAMENCO. Paco, Pepe, Manuel, Moi y Raúl llevan cada uno su camino musical desde hace muchos años. Sus trayectorias profesionales individuales serían otra larga historia que contar, pero lo que nos trae aquí es su decisión de continuar con el proyecto común que decidieron cristalizar en su anterior álbum en torno a la figura artística de Diego, ampliando horizontes. Afortunadamente, ningún arte está cerrado “a cal y canto”. Paco Pavía