Isabel Bayón - La puerta abierta
Ante el insomnio que sufría, el conde Hermann Carl von Keyserlingk encargó a Bach una obra lo suficientemente larga como para quedarse dormido mientras la escuchaba. Fue su joven alumno Johann Gottlieb Goldberg quien interpretó tras la puerta del dormitorio del conde esas variaciones que hoy conocemos con su nombre.
En su última exposición, Marcel Broodthaers presentó una serie de decorados: una sucesión de habitaciones identificadas cada una por un color. La sábana blanca que nuestra escenografía reproduce era la reconstrucción de la sede de su Museé dÁrt Moderne. Départament des Aigles. Un espacio ficticio desde el que interrogar al lugar del arte.
La puerta abierta es, como las anteriores, la estancia de un intérprete. Una habitación metafísica donde prima la libertad del artista, por cuya puerta Isabel Bayón entra y sale para mostrar lo interno y lo externo sin complejos. Un viaje en el que la acompañan, como único hilván narrativo las voces de Agujetas y la Piriñaca, máxima expresión de la paradoja del pueblo andaluz, que siendo fatalista por antonomasia busca en la exaltación de las formas, en la apariencia de alegría, la solución a su existencia. La construcción de la fiesta, en toda su hondura, como respuesta a una visión trágica de la vida. Un refugio ficticio, una composición que alguien nos toca tras la puerta para poder dormir por las noches.
En el escenario, una voz, una guitarra, percusión y palmas… y el baile de Isabel Bayón, recreando figuras que pertenecen al mundo de la ausencia, de lo no tenido, que es, paradójicamente, nuestra más genuina expresión.
Pepa Gamboa